viernes, 18 de febrero de 2011

Propaganda farmacéutica II: Lo he visto.

Sí, lo he visto. Otra vez. Pero esta vez ha sido algo descarado.
Me explico:

Escribía hace días un post sobre los aspectos éticos de aceptar regalos por parte de las grandes empresas farmacéuticas, y diferenciaba dos puntos: en el primero englobaba la propaganda básica en forma de bolis, libretas y similares, y en el segundo metía los regalos de más magnitud, tales como viajes, congresos, portátiles, iPhones, y todas esas cosas caras y abusivas. Apuntaba también que la diferencia básica entre ambos grupos es que aceptar un bolígrafo no hace daño a nadie, es algo inocuo, sin mayor importancia, sin embargo, aceptar un viaje pagado por una farmacéutica, es un auténtico chanchullo que denota una falta absoluta de ética y de principios (al menos, desde mi humilde punto de vista como estudiante).

Pues bien, esta semana he tenido la oportunidad de presenciar uno de esos chanchullos, uno de los gordos, que para colmo, me ha afectado a mí directamente.

Evidentemente, no voy a dar datos ni nombres, ya que no es mi intención inculpar directamente a nadie, pero no puedo por menos que denunciar la situación.

Esta semana me tocaba rotar por X servicio en el Complejo Asistencial Universitario de Salamanca, y como es habitual, tenía un médico asignado como tutor para impartirme las prácticas (aquí he de recordar que estos médicos están asociados a la Facultad de Medicina, y por lo tanto, son remunerados por "aguantarnos" y en teoría, es su deber atendernos desde el primer hasta el último día). Pues bien, acudí a prácticas con es@ médic@ esta semana. Los primeros días los puedo tachar de "correctos", pero así como a mitad de semana, presencié un acto...¿cómo llamarlo? bochornoso.

Caminando a la vera del ya nombrado médico, visualizamos al final del pasillo un visitador médico, ataviado con su traje y su maletín de cuero de rigor. En cuanto nos vio, acudió a la caza de una presa que, sorprendentemente, fue demasiado fácil. Dicho médico no dudó en pararse a hablar con él, y yo tuve la oportunidad de escuchar con atención la conversación.
La ingenua de mí creyó que se trataba del típico acto de rutina de cuatro palabras rápidas y un boli de regalo, pero esta vez fue diferente. Esta vez presencié como aquel visitador le ofrecía al médico un viaje pagado por la farmacéutica a Suiza. Todo sería rápido, el avión salía al día siguiente. El médico no se lo pensó dos veces y aceptó. Y yo a su lado, con cara de poker.
Cuando el visitador se hubo marchado, el médico se giró hacia a mí y me dijo: 

    -"Bueno, pues yo mañana y pasado no voy a estar, así que no vengas".


Al principio se me pasó por la cabeza una imagen fugaz en la que me ví durmiendo la mañana y escuchando música tirada en el sofá, pero acto seguido me dí cuenta de lo injusto de la situación: Yo me quedo sin las prácticas por las que estoy pagando porque mi médico tutor deja sus obligaciones para irse de viaje por la cara. Estupendo, realmente estupendo.
Tengo decir que me acordé repentinamente del post que escribí en este blog, y me dije: -"Ahí tienes la prueba, Irene, y esta vez te afecta de lleno, hay que joderse".


Tras unas cuantas preguntas rápidas y una despedida de pocas palabras, me fui resignadamente para casa pensando en cómo dar cuenta del asunto al coordinador de prácticas en la Facultad (supuestamente no podemos faltar ningún día, a menos que sea de forma justificada).
Al día siguiente bajé a la Facultad, le entregé las hojas pertinentes de la asistencia y le comenté, por encima, la situación. Me comentó que apuntase la incidencia en el cuaderno de prácticas para tenerla en cuenta, y eso haré. Lo que harán después, no lo sé. Probablemente no hagan nada, pero por lo menos que conste.

Y aquí estoy. Hoy es viernes por la mañana y debería de estar en prácticas, pero estoy aquí escribiendo en el blog mientras escucho música en el Spotify (tal y como imaginé).
Supongo que el médico que me debería estar dando las prácticas en este momento estará visitando Lucerna  o Berna sin mayor problemática que comerse una tableta de chocolate suizo o buscar un buen restaurante donde degustar una fondue de queso gruyére. Qué se yo.


4 comentarios:

  1. Hola, me ha encantado tu blog y tu forma de contar... Me sorprende lo que cuentas, no por extraño, sino porque siga sucediendo. Soy enfermera, llevo ya unos cuantos años. Trabajé en un centro residencial hace la porrela de años. El médico que allí laboraba visitó varios países a costa de los laboratorios, móviles caros, un portátil... ya sabes. Lo peor es que recetaba el producto de ese laboratorio le hiciera o no le hiciera tanta falta al paciente, con tal de que el representante tuviera la constancia de que el producto salía...
    Vergonzoso y veo que la cosa ha cambiado poco con los años.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias por leer el blog y comentar ;)
    Es muy triste esa situación ...espero que poco a poco la cosa cambie y se deje de despilfarrar.

    Un saludo ;)

    ResponderEliminar
  3. Hola Irene, gracias por tu visita a mi blog, que te correspondo.
    Es importante que desarrolleis un buen criterio ético desde la facultad, visita la iniciativa no gracias

    http://www.nogracias.eu/v_portal/apartados/apartado.asp?te=2311

    y sigue a Juan Gérvas.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias por la visita ;)
    Seguiré tus consejos!!!

    ResponderEliminar