No tarda ni dos minutos en sonar el busca. Chico de 27 con enfermedad de Crohn. Sospechan un brote, que parece leve. -Ahora mismo bajo y lo veo.
Me reúno con mi adjunto y engullo la sopa de fideos y el pollo con patatas en 20 minutos, y en cuanto acabo, me voy directamente a la Urgencia a ver al chico del Crohn. Lo valoro. Parece un brote leve. Reajusto el tratamiento, hago el informe y le doy el alta. La señora de la pancreatitis parece que tiene dilatación de vía biliar sin claro contenido en la vía, seguramente la metamos a CPRE el miércoles. Está mejor del dolor. Completo el informe, hago el tratamiento y curso el ingreso. Me avisan porque el señor de la hemorragia digestiva ha hecho una deposición melénica, sin inestabilidad.
-Era un Forrest III, así que probablemente serán restos.
Voy a verlo, y efectivamente, parecen restos. Tranquilizo a las enfermeras y al paciente, que no termina de entender porque sus heces se han tornado del color del alquitrán aunque se lo hayamos explicado tres o cuatro veces. Subo arriba, a la planta. La enfermera del turno de tarde me ve llegar a lo lejos y viene a buscarse.
-La señora de la 30B tiene una glucemia de 209, ¿puedes echarle un vistazo a la pauta de insulina que está un poco rara?. -Claro, espera, ahora te lo miro.
Ajusto la insulina mientras me tomo un café con leche de la máquina, y entonces empieza. Empieza a sonar el busca como una sinfonía sin fin, aunque claro, cómo iba a saberlo yo a estas alturas de la tarde. Es el urólogo. Resulta que un paciente al que le han realizado una biopsia de próstata ha realizado una rectorragia abundante. Está estable y le acaba de pedir una analítica. Que si puedo ir a valorarle.
-Claro, ahora mismo voy-le digo, mientras dibujo en mi cabeza una imagen pintoresca de la última vez que me tocó atender a un sangrado tras biopsia prostática: acabamos a las 2 de la mañana metiéndonos con el colono sin lograr ver nada debido a la gran cantidad de sangre en la luz rectal, por lo que la cosa terminó en angio-TAC.
Me levanto y me dirijo al pasillo del sector 3, donde está el buen hombre.
TA 138/65 FC 78 -me corrobora la enfermera mientras doy zancadas por la unidad. Y entonces, justo antes de entrar a la habitación, vuelve a sonar ese aparatejo negro que llevo en el bolsillo del pijama. A ver quién es. Pues es el cirujano, que tienen un señor con un vólvulo de colon, que si lo podemos devolvular por endoscopia. Pues sí, habrá que intentarlo. Está en las camas de la Urgencia, así que luego bajaré a verlo.
Afortunadamente, el señor de la biopsia está estable y asintomático. Ha realizado una rectorragia aislada y analíticamente no se ha anemizado, por lo que decidimos mantenerlo en observación antes de pasar a la acción. El señor de por la mañana, el de la hemorragia digestiva, sigue estable, así que decidimos continuar la observación hospitalaria hasta el día siguiente. Aprovecho entonces para bajar a ver al del vólvulo. Tiene 82 años y está solamente acompañado por su mujer, de la misma edad. Tiene una analítica de libro y apenas manifiesta dolor abdominal, pero la radiografía es clara. Tenemos que meternos. Ahora claro, el tema es el anestesista, a ver cuándo está disponible para sedarnos al señor. Les llamamos y parece ser que tienen justo ahora dos cirugías urgentes, después estarán disponibles, así que nos toca esperar. Mientras estoy entregando los consentimientos informados, vuelve a sonar el busca. Esta vez es para contarme dos pacientes nuevos. No uno, sino dos. El primero es un chico joven con antecedentes de hemorroides grado III y sangrados frecuentes de perfil distal que presenta una anemia importante. Tacto rectal negativo. Hay que transfundirle y citarle la colono preferente, y eso me toca hacerlo a mí. El chico está estupendo, así que tampoco me lleva mucho tiempo valorarle y explicarle las cosas. El siguiente es otro cantar: señor mayor que nosabemosloquetiene-miraaverqueteparece. Fiebre, alteración del perfil hepático, hiperbilirrubinemia y coagulopatía, ecografía normal. El señor está sordo, no está acompañado y la anamnesis resulta muy dificultosa. Después de un rato largo con pregunta por aquí y por allá, parece que me aclaro un poco. Pinta de hepatitis aguda con criterios de ingreso, pero habrá que seguir estudiándole. Así que pa' dentro. Me voy a hacer el ingreso cuando me encuentro a la mujer del señor del vólvulo. La pobre señora de ochentaytantos me asalta con ojos de
cansancio y me pregunta si vamos a tardar mucho, que resulta que está sola y no ha comido nada. Le recomiendo que se tome un descanso, que salga a cenar o incluso que se vaya un ratito a casa. Me dice que no quiere. Le insisto que al menos coma algo. Son las 9 de la noche y recuerdo que yo tampoco he cenado. No quiere ir a la cafetería ni salir del hospital. Me da tanta pena la señora que me voy a la máquina expendedora y le cojo unos bollos y un poco de agua. Parece que se queda más tranquila.
Me siento en un ordenador a escribir la historia clínica y el informe de ingreso que tengo pendiente. Escribo, escribo y escribo, redacto todo lo mejor y lo más claro que puedo. Ordeno las pruebas realizadas. Realizo un resumen con los diagnósticos diferenciales que me planteo. Sigo escribiendo, así como media hora sin exagerar. A todo esto ya son las diez de la noche y deberíamos ir pensando en cenar. Voy a copiar todo el texto escrito para guardarlo y cerrar el informe, cuando de repente, el ordenador se peta y sale el temido mensaje en la pantalla de : "No responde".
Me pongo histérica. No me lo puedo creer. Media hora perdida, todo lo redactado, todo ... borrado, así, de repente. La rabia me invade por dentro e intento controlarme. Tensión, estrés máximo. No puede ser posible.
Derramo una lagrimilla y maldigo en alto. Maldigo los ordenadores, maldigo la informática... y me maldigo a mí misma, por no haber guardado antes el texto. Y en medio de mi enajenación mental, vuelve a sonar el busca. Lo dejo sonar varias veces y finalmente lo cojo. El señor de la biopsia prostática, que ha vuelto a sangrar y ahora está inestable, con TA de 80/40. La rabia interior se mezcla con la adrenalina creciente y salgo corriendo. Sueroterapia a chorro, oxígeno, transfusión...todo lo típico de una hemorragia inestable. Ahora no queda otra que meternos con el colono e intentar cerrar el punto sangrante. Y qué mierda, yo que tenía casi ingresado al otro abuelo... y ahora lo tengo pendiente por culpa del maldito ordenador, que se lo ha cargado todo. Maldita mi suerte. Y mientras tanto, tengo esperando al del vólvulo, y los anestesistas sin aparecer. Mi guardia se está descontrolado por momentos, y la cosa pinta mal.
Nos llevamos al sangrante directo hacia Endoscopias tras llamar a cuatro teléfonos distintos pidiendo la ayuda de un celador, que por fin aparece por el pasillo. Conectamos el colono, y pa'dentro. Es muy distal y no hace falta anestesia. Sangre, coágulos, difícil ver algo con arte. Pasan 20 minutos y allí seguimos, hasta que encontramos el punto y hacemos terapéutica logrando hemostasia. Que no se diga que tiramos rápido la toalla. Suena de nuevo el busca. Los anestesistas, menos mal. Ya están libres para el del vólvulo. A lo tonto son las 12:30 de la noche. Tengo que llamar nuevamente a tres teléfonos distintos para localizar un celador, hasta que por fin lo consigo. Van a ir a buscar al pobre hombre, que ya va siendo hora. Me pregunto si su mujer se habrá quedado bien con mi humilde cena de pasillo, pero mis pensamientos vuelven a interrumpirse con otra llamada al busca. Me tiembla la mano sosteniendo el teléfono junto a mi oreja. Una chica joven con hematemesis. Ahora está estable pero llegó con tensiones ramplonas. El tacto es positivo para melenas y tiene 9 de hemoglobina. Ya le han puesto la perfusión de pantoprazol. Bueno, pues nada. Dos por uno: primero el del vólvulo y luego la chica. Que no se diga que no practico endoscopia urgente. Ay, mamá.
Son las tres y media de la madrugada cuando terminamos en Endoscopias. Hemos devolvulado con éxito al hombre, así que a ver qué quiere hacer Cirugía con él. La chica era consumidora crónica de AINES, así que lo que encontramos es lo que le pegaba: la úlcera. Pero es Forrest III así que va a poder marcharse. Estamos acabando el informe de la gastroscopia cuando vuelve a sonar el busca. Me cuentan otra paciente: ésta parece una pancreatitis, pero notepreocupesqueesleveylachicaestábien. Bueno, pues nada, que sigan viniendo. Yo ya le he dicho a mi cuerpo que ni él ni yo dormiremos hoy.
Tras acabar de reescribir el informe de ingreso que se me borró y que me quedaba pendiente antes del cataclismo de los sangrantes (menos mal que el tratamiento ya se lo había hecho y dado a la enfermera), me pongo a ver a la pancreatitis. Sin criterios de gravedad y ya sin dolor. Afortunadamente no tardé casi nada en hacerle en tratamiento y el papeleo del ingreso. Y cuando por fin pulso el último botón y aparece en el ordenador la frase en verde de: ingresado a cargo de Digestivo, me echo hacia atrás en la silla y respiro hondo. No recuerdo siquiera la hora que era, pero con seguridad más de la 5 de la mañana. Tampoco me acuerdo de si he comido o no, o de cuándo ha sido la última vez que he ido a orinar. Nada importa. Es el único momento de la guardia en el que soy consciente de que en unas pocas horas acabará y soy feliz por ello. Porque aunque parezca que no, las guardias, por horribles que sean siempre acaban, y tú te vas a tu casa y el hospital se queda donde está.

Tampoco puedo cantar victoria muy alto: aún me queda la tarea de releerle de nuevo todos los pacientes ingresados que tendré que contar horas después en el pase de la guardia. Tengo cefalea y me duele sospechosamente la lumbar, pero aguanto el tirón y 20 minutos después estoy echada encima de la cama mirando al techo e intentando relajarme. Abro los ojos una hora después al ritmo del despertador, que me recuerda que el descanso de verdad tendrá que esperar unas horas más. Por momentos estoy desorientada y me pregunto donde estoy. Me levanto y me miro al espejo. Tengo pelos de loca y unas ojeras que llegan hasta el suelo, pero da igual, it's almost over.
-Vaya guardia. Es la frase que me repiten todos después de contarles mis batallitas en las últimas 17 horas. -Pues sí, vaya guardia.
Ese dia salí del hospital a las 11 de la mañana, caminando como un zombie entre transeúntes. Llegué a casa y dormí y dormí, y no volví a ser persona hastanosequehora. Cuando desperté, me puse a hacer un repaso mental de la guardia, intentando hacer balance de lo aprendido. No me importó el estrés, la falta de sueño, el volumen y/o la complejidad de los pacientes... todo eso, aunque pueda no ser de buen gusto a priori, te hace crecer como médico. Creo que lo que más me fastidió y me desbordó en el momento menos oportuno fue la incidencia con el ordenador. Odioso Internet Explorer. Probablemente haya tenido guardias con la misma cantidad de pacientes o con un nivel equivalente de estrés (cualquier médico sabe de lo que estoy hablando), pero desde luego no recordaba ninguna haciendo endoscopias, una detrás de otra, hasta las tres y pico de la madrugada. Ésta será otra más para la colección.
Y como me dijo un compañero ...
- ¡Madre mía! Tengo la guardia hecha un caos...
- Bueno, bueno ... ¡¿y todo lo que vas a aprender?! ¡Mucho ánimo!
{La vida no es un problema que tiene que ser resuelto, sino una realidad que debe ser experimentada.}




























