sábado, 29 de enero de 2011

Queridos Antibióticos...

La escasez de antibióticos necesita solución inmediata.
No, aunque lo parezca, lo de arriba no es un titular sensacionalista que haya salido recientemente en The Sun, o en el Daily Mirror; es tan real como la vida misma, los antibióticos se están acabando, y no han hecho sino repetírnoslo este año en Microbiología.
Pocas invenciones en la historia de la humanidad han salvado más vidas que los antibióticos.
La aparición de la penicilina a tiempo para la Segunda Guerra Mundial supuso la salvación de innumerables vidas, vidas que en guerras anteriores, se habrían perdido por causa de las bacterias. A pesar del constante aumento en la efectividad (mortal) de las armas bélicas, las innovaciones igualmente rápidas en el campo de la medicina y la farmacia han permitido mantener estable la probabilidad de morir en una guerra.
Y por raro que parezca, estas sustancias que forman parte de nuestro día a día, haciéndonos creer que somos inmunes a cualquier arañazo o infección, se están agotando, y lo están haciendo rápidamente.
El primer problema es la resistencia bacteriana, ya que con el tiempo, las cepas bacterianas mutan y evolucionan, mediante selección natural, para hacerse inmunes a los antibióticos que una vez fueron efectivos. Todo esto además se empeora si añadimos a la ecuación el hecho de que muchos pacientes no siguen las pautas de tratamiento que les manda su médico.
En otras ocasiones el problema lo genera el médico, recetando antibióticos a diestro y siniestro ante cualquier síntoma de resfriado.
Las bacterias son capaces de pasarse unas a otras (diferentes cepas, e incluso diferentes especies) plásmidos de resistencia a antibióticos, que contienen la información genética necesaria para que la bacteria sintetice proteínas que sirvan de bombas de expulsión de antibióticos, enzimas que inhiban la acción de los antibióticos, etc. Los mecanismos de resistencia antibiótica son múltiples.
El efecto de todo esto es la aparición de cepas bacterianas multirresistentes, que causan la adopción por parte de los médicos de unos tratamientos que implican el uso de varios antimicrobianos, con todas las posibles interacciones y efectos secundarios que puedan tener en el paciente.
Lo peor de todo es que, aun siendo público y notorio el problema tan acuciante que es la falta de antibióticos, las farmacéuticas no se están devanando los sesos para intentar poner una solución al problema. ¿Por qué? Porque los antibióticos son mucho menos rentables que otros fármacos como Viagra, que son usados para problemas crónicos, y que por lo tanto son consumidos de forma crónica.
Los antibióticos pueden volverse obsoletos en poco tiempo debido a la resistencia bacteriana, por lo que las farmacéuticas se arriesgan a perder cualquier tipo de rentabilidad antes incluso de que venza la patente. Quizás debería hacerse algo parecido a lo que se hizo con el problema de las vacunas en los años 80, ya que los fabricantes no estaban dispuestos a asumir los costes legales que suponía cualquier demanda por parte de alguien que hubiese sufrido lesiones por la vacuna. Así, se creó una especie de “tribunal de vacunas”, que sería el “representante” legal de todas las farmacéuticas, y a quien irían dirigidas las demandas. Si el demandante ganaba, la indemnización provendría del propio tribunal, cuyos fondos provenían a su vez de un pequeño porcentaje de los beneficios de las ventas de vacunas.
Se deben buscar soluciones cuanto antes...

Fuente de la imagen: Deviantart.

1 comentario:

  1. Interesante texto, Víctor :)
    Es cierto que hoy en día se abusa de los antibióticos en todos los aspectos, y a la larga es algo que vamos a pagar caro.
    Hay que dar un toque de atención a los médicos que recetan sin un diagnóstico confirmado, ya que están favorenciendo las resistencias, y por otra parte, a los usuarios asiduos de los antibióticos, todos aquellos que ante el mínimo síntoma catarral, se autodispensan una pastillita de amoxicilina que tienen guardada en casa.

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