El diagnóstico de esta patología muchas veces es difícil y pasa desapercibido, ya que si al realizar un análisis de sangre no pides expresamente las Pruebas de Función Tiroidea, pueden pasar varios años hasta dar con el problema, más aún si el cuadro es asintomático.
En mi caso, nos remontamos al año 2001 cuando mi hermano y yo fuimos a realizarnos la típica analítica de control donde se suelen incluir niveles de colesterol y triglicéridos (tenemos una hipercolesterolemia familiar), hemograma y otros cuántos parámetros más. No sé ni cómo ni porqué, a mí me pidieron una prueba de función tiroidea, y cuál fue nuestra sorpresa cuando, a los dos o tres días, llama mi madre desde el hospital (estando de guardia) alarmada porque en mis resultados aparecía una TSH de 8.0 ml U/L.
¿Y qué es la TSH? Supongo que para los lectores que no estén dentro del campo de la Salud, estas siglas sonarán a chino, y no es para menos. La TSH es la hormona estimulante del tiroides, producida en la hipófisis. Como su nombre indica, su función es estimular y regular la produción de las hormonas tiroideas. Por un mecanismo de retroalimentación sabemos que si las hormonas tiroideas están bajas, la TSH estará elevada como intento de estimular al tiroides (también puede estar elevada por una sobreproducción hipofisaria, pero ese tema no nos compete aquí). Con lo cual, la medición de esta hormona es una prueba muy útil para sospechar una enfermedad tiroidea. Sus cifras normales en sangre van de 0.4 a 4.0 ml U/L.
Con aquellas cifras tan altas de TSH, me pidieron una consulta al Endocrino, donde me volvieron a repetir las pruebas, que volvieron a salir igual. También, me pidieron los niveles de Anticuerpos Antiperoxidasa (TPO) y de Anticuerpos Antiglobulina, que salieron también elevados. Aquello olía a Tiroiditis Autoinmune (o también llamada de Hashimoto), que consiste básicamente en que se producen anticuerpos contra tu propio tiroides, dañando así su función.
De aquella, mis hormonas tiroideas estaban dentro de las cifras normales a expensas de la elevación de la TSH, así que aparentemente yo estaba totalmente asintomática. El Endocrino me dijo que de momento no necesitaba tratamiento y que siguiera controlándome cada cierto tiempo sin mayor preocupación.
Y así fueron pasando los años, durante los cuales me fui haciendo controles y más controles (recalco aquí que los realicé en mi Centro de Salud para mayor comodidad), en los que mi amiga la TSH continuaba elevada rondando cifras alrededor de los 10-12 ml U/L, y las hormonas tiroideas resistían en sus límites normales.
Yo siempre me encontré bien y, si bien es cierto que tuve alguna etapa de somnolencias inexplicables y/o tendencia a engordar con la mínima ingesta, tampoco quería decir que estuviese causado directamente por el hipotiroidismo.
El vivir con "este problema" durante 10 años de mi vida se hizo como algo rutinario, de modo que con cada analítica venía su correspondiente cifra elevada de TSH como cosa habitual y cada examen pasaba a engrosar mi historia clínica sin la mayor importancia.
Este verano todo cambió de repente, y no sé muy bien porqué. Me explico.
Fui al Centro de Salud a realizarme la analítica de control como de costumbre, y como siempre, volvieron a salir cifras de TSH de 12,7 mg U/L. Yo asumí ésto como "las cifras de rutina", pero al estar dicha cifra rozando los 13 mg U/L, mis padres volvieron a consultar con el Endocrino para iniciar un posible tratamiento. Y aquí viene la parte cómica. Mi madre le llevó todos mis análisis de los últimos años donde se podían ver cifras varias de TSH que concordaban perfectamente con el diagnóstico inicial de Tiroiditis Autoinmune, pero el Endocrino dijo que "esos análisis no valían, ya que no se fiaba de los resultados si aquellos no estaban realizados por las enfermeras de su servicio y/o examinados por el laboratorio al que ellos estaban adheridos". Es decir, que tendría que volver a repetirme la prueba para que el señorito de turno pudiese ver con sus propios ojos que en efecto mis cifras de TSH rodaban los 13 mg U/L para poder ponerme finalmente el tratamiento. Y por supuesto, no me quedó otra que subir al hospital y volverme a pinchar (cuando hacía menos de 2 semanas de la anterior extracción).
Lo gracioso del asunto es que, tras haberme pinchado, el Endocrino me dijo que comenzara ya con las pastillas sin necesidad de esperar por los resultados. 50 mg de Eutirox al día hasta nuevo aviso. ¡Toma esa!

Y aquí me encuentro, mañana mismo comenzaré con el tratamiento. Me han comentado que probablemente adelgace y/o me encuentre rara al principio, así que veremos qué pasa con todo este lío. Al menos espero que mi tiroides (y mi hipófisis, que es la que ha estado trabajando duro) me lo agradezcan.



¡Gran post!. Parecido a mis "Viviendo con...".
ResponderEliminarComo dices tiene que ser difícil diagnosticarlo sobre todo en personas tan jóvenes, y además estando asintomáticos.
Lo que me parece ya de traca es lo del Endocrino...Para darle un buen coscorrón! ¬¬.
Pero bueno, a pesar de que sea ya una medicación crónica todo vaya bien y te encuentres mejor. Estoy seguro que tiroides e hipófisis te lo agradecerán.
Mucho ánimo! :)
Vaya... Me alegro de que al menos llevases un control desde hace tanto tiempo por si las cosas cambiaban como así ha sido. Tu hipófisis y tu tiroides te lo agradecerán.
ResponderEliminarLas cosas se aprenden mejor cuando uno las padece o cuando algún conocido la padece.
O si no, cuando se personalizan, como es el caso de este post.
Me uno a los ánimos de MDoc